La protectora de animales APAF, saturada, pero llena de esperanza

La protectora de animales denuncia la creciente masificación de animales abandonados y la falta de recursos

Es media tarde y el sol comienza a caer en una pequeña finca próxima a la carretera de la Celulosa de Motril. Allí, tras una reja negra, Felipe, Tula, Greta y Trompi nos reciben moviendo sus colas en zigzag. Son perros que han sido abandonados y que esperan la llegada de una familia que les acoja y les de una nueva oportunidad. 

La protectora de animales ‘APAF’ ha conseguido convertir un terreno prestado en un refugio para los perros que aún tienen la esperanza de encontrar un hogar. Durante ese tiempo, la labor de los voluntarios se hace imprescindible. Chiti, Antonio, Ivonne y Mercedes son personas jubiladas y, a la vez, el alma máter de la protectora, que nacía en 2006, y que ahora cuenta con más de 12 personas dispuestas a ayudar desinteresadamente a los canes y felinos del municipio.

La red de casas de acogida permite lidiar, a duras penas, con la masificación de animales abandonados. “Hay una voluntaria que ha llegado a tener 17 perros en casa, a ese ritmo es imposible hacer frente”, denuncia el presidente de APAF, Antonio Abad. “Aquí hay cuatro perros, los más grandes de tamaño, pero tenemos alrededor de unos catorce en casas de acogida actualmente”, comenta uno de los miembros.

Además, pese a las limitaciones evidentes con las que cuenta la protectora y la falta de ayudas por parte de la administración y el ayuntamiento los perros y gatos abandonados de la protectora siempre salen esterilizados a su nuevo hogar.  “Las instituciones no existen. El pienso, la medicación, el veterinario, todo, lo sufragamos con las actividades de la protectora, la venta de lotería o el puesto en la placilla que ponemos cada verano”, añade Chiti.

Loli colabora desde hace años con APAF y ahora tiene tres perros en casa que rescató de la protectora. Pili controla colonias de gatos en el barrio del Secanillo y el Puerto. Ha creado un grupo de WhatsApp con amigos y vecinos para recaudar dinero y subvencionar la esterilización de los felinos.

Algunos de los miembros de la protectora de animales APAF con algunos de los perros en acogida

Desgraciadamente, no todos corren la misma suerte, pero el trabajo y la búsqueda titánica de familias no cesa. “A veces parece que por mucho que trabajemos, el abandono va en aumento”, cuenta María, la voluntaria más joven del grupo. Es profesora de primaria y está convencida que la educación desde niños es fundamental. Por eso, realizó un proyecto en su carrera para impartir talleres de concienciación en los colegios que intenta implantar allá donde va. 

“Este verano la situación ha sido horrible”, han argumentado desde la protectora que afirma que prácticamente el 70% del abandono surge de camadas no deseadas. En este sentido, el centro ha señalado que estas irresponsabilidades son un asunto “cada vez más grave al que no se le está prestando demasiada atención en España”.

Aunque todavía queda muchísimo camino que recorrer para igualar la educación y el nivel legal de otros países europeos en relación a los animales, “la situación podría dar la vuelta si se pusieran encima de la mesa medidas muy concretas”, argumenta Chiti. “Leyes más duras contra el maltrato animal, campañas de concienciación ciudadana y la esterilización hasta controlar la problación animal son medidas urgentes”, cuenta.

Pese a que la labor del voluntariado sea tan difícil a nivel emocional y a veces la frustración inunde por momentos la vida del centro, APAF se muestra positivo ante los logros conseguidos. “Quizás a veces vivimos muy malos tragos, pero nos reconforta saber que cambiamos la vida de muchos animales a tiempo”. 

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